EN HONOR A LAS MADRES QUE DIERON SU VIDA PROTEGIENDO A SUS HIJOS.
Para escribir estas palabras tuve que detenerme varias veces. Soy mamá, y solo imaginar el dolor que tantas mujeres vivieron en medio de aquella tragedia hace que se me encoja el corazón. No existen palabras suficientes para describir un amor capaz de olvidarse de sí mismo con tal de proteger la vida de un hijo. Ser mamá transforma todo. A veces esa decisión llega planeada y otras veces no, pero cuando un hijo comienza a crecer dentro de nosotras, Dios despierta un amor que solo puede entender quien lo ha vivido. Es un amor lleno de valentía, de entrega y de una fuerza que ni siquiera sabíamos que existía. Somos sensibles, sí. Pero también somos inmensamente fuertes cuando se trata de cuidar a nuestros hijos. Nos convertimos en refugio, en escudo y, muchas veces, en la calma en medio de la tormenta. Ese cordón que se corta al nacer nunca desaparece del todo. Hay una conexión invisible que permanece para siempre, un vínculo que Dios mismo diseñó. Tal vez por eso no nos pesa pasar n...