ESTA NO SIEMPRE FUE MI VERSIÓN: moldeada entre pausas y turbulencias
Antes de contar historias de otras mujeres, sentí que primero debía contar la mía.
También tengo mi historia de pausas. Esas que, sin darme cuenta, me trajeron hasta aquí… a este proyecto que hoy siento tan trascendental, porque todo lo que aquí compartiré tiene una raíz.
Siempre hay una etapa en la vida como mujer en la que todo empieza a moverse por dentro. Donde sobrepensamos más de lo normal, donde nos enredamos con cosas que tal vez no eran tan grandes… pero se sienten inmensas. Así empezó para mí, en el 2019, año en el que fue creado este blog y puesta en mi corazón una semilla.
Me sentía perdida conmigo misma, y créeme, no era falta de seguridad, no era falta de carácter. Era algo más profundo. Era una búsqueda de propósito que no sabía cómo ni dónde encontrar. Se me hizo muy fácil intentar llenar ese vacío con cosas que no me llenaban; busqué propósito donde no lo había. Y aunque mi vida, en muchos aspectos, se veía “completa”, había algo dentro de mí que no encajaba.
Esa voz… la callé muchas veces. Pero siempre volvía. Hasta que un día entendí que ya no podía ignorarla más.
MI PRIMER RESPIRO
La primera pausa —y la más importante— fue una decisión. Decidí parar, decidí ir en contra de lo que me rodeaba, no hacer tanto mi voluntad, apagar muchos ruidos y decidí buscar a Dios, pero no desde lo que me habían contado o desde la religión ya conocida, sino desde el deseo real de conocerlo. Ahí empezó todo.
Aquí entendí algo que antes no podía ver, y era que pausar también es una forma de obedecer.
“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” — Salmos 46:10
Y fue justamente en esa quietud, que tanto me incomodaba, donde más lo conocí, y al final terminó siendo el ancla para las otras pausas que venían, aunque en ese momento no lo sabía.
No fue un proceso perfecto, pero fue muy real. Herramientas como la oración, el silencio y su palabra me ayudaron en este momento, pero también la decisión constante de no volver al ruido.
SEGUNDO RESPIRO
Luego vino una pausa que no elegí del todo: la laboral. Siempre he trabajado en ventas y no puedo quejarme, pero hubo un momento donde nada me llenaba; todo estaba siendo muy automático en esta área. En paralelo, estaba creando pequeñas cosas de contenido, pero aquí va mi verdad: lo hacía desde un deseo y motivación incorrecta.
Y aunque ya tenía a Dios en mi corazón, entendí, mientras me daba cuenta, que Él trabaja a través de procesos, y yo apenas estaba empezando el mío.
Ahí empezó otro tipo de pausa, una que sí fue por decisión, donde tuve que dejarme moldear. Me rodeé de mi familia, busqué guía, incluso coaching, y empecé a soltar el control. Porque entendí algo difícil: una cosa es lo que yo quiero… y otra lo que Dios tiene para mí.
En medio de todo eso, tomé una de las decisiones más grandes de mi vida: casarme. Y sí, tenía miedo, un miedo real. Pero entendí que muchas veces, cuando decides caminar en lo que Dios quiere, el miedo también aparece, y no para detenerte… sino para transformarte.
UNA PAUSA PARA UN MILAGRO
Después del matrimonio, algo empezó a moverse en mi corazón: quería ser mamá. Sin embargo, mi realidad médica decía otra cosa, porque siempre recibía muchos “no puedes”. Hasta que un día, cansada, le dije a Dios: haz tu voluntad. Oré, actué… y confié.
Esta pausa también fue una decisión. Tuve que desconectarme de muchas cosas, empezando por los controles médicos, y mi enfoque estuvo en accionar a pesar de los “no”, porque yo ya tenía un “sí” de alguien mayor. No fue nada fácil, pero llegó mi regalo y mi recompensa.
Ahí entendí que hay momentos donde necesitamos pausar el automático para volver a lo esencial, donde pueden llegar milagros y cumplimientos si estamos enfocadas en lo realmente importante y entendí que hay tiempo para todo.
TERCER RESPIRO
La tercera pausa llegó en el posparto. Fue una de las más duras. No fue el dejar de trabajar por mi bebé, que es lo que más suele suceder y admiro profundamente a esas mujeres. La mía fue más un tema de hogar, una crisis de esas que tocan la puerta en algún momento… y bueno me tocó a mí, les confieso que hubo momentos donde sentí que todo se podía derrumbar.
Y aunque ya había construido cosas en mí, en mi interior este proceso vino a tocar mi esencia, mi autoestima, mi seguridad.
Solté proyectos, incluso marcas con las que ya trabajaba. Fue doloroso, pero también lo más real y verdadero que pude hacer por mí, porque no podía mostrarme bien por fuera… cuando por dentro no lo estaba.
Fue una pausa dolorosa, pero también fue una pausa que me mostró algo: lo fuerte que puedo llegar a ser.

Con ayuda —de Dios, de personas, de profesionales— salimos adelante. Oración, comunicación, acompañamiento… todo sumó. Y en medio de ese proceso, volví a mí, a lo que me gusta, a quien soy.
Hoy, sin buscarlo, estoy en un trabajo que amo, en el área de marketing, creando para marcas desde otro lugar. Después de haber pasado por tanto, al final llegó lo que estaba listo para mí.
🤍 LO QUE QUIERO DEJARTE
Todo lo que has leído es solo una parte de mis turbulencias que me han llevado al respiro profundo. No son las únicas, pero sí las que más me marcaron. En ellas encontré amor, herramientas, palabra, y entendí que a veces sí necesitamos una mano, una guía, un espacio donde no sentirnos solas.
Dios ha sido el centro de todo. Él me enseñó a pasar por el fuego sin quemarme, a pasar por el agua sin hundirme. Y no porque yo fuera fuerte… sino porque aprendí a no soltarlo.
No siempre fui esta versión de mí. Se construyó dejándome moldear, y hoy agradezco cada pausa: las tomadas por decisión y las impuestas por la vida.
Ahora, si hoy estás en ese silencio, en ese momento de receso, si sientes que todo se detuvo —tu trabajo, tus sueños, tus planes— o de pronto sientes que por dentro hace falta algo, que no estás cómoda, que tienes sed… no corras a llenarlo de ruido.
Haz algo pequeño, pero intencional: regálate 10 minutos en silencio, respira, quédate sin el celular, sin distracciones, y pregúntale a Dios: ¿Qué quieres mostrarme en este momento?
A veces no necesitamos más respuestas… solo hacer espacio para escucharlas.
Quiero dejarte 3 herramientas que me han sostenido en mis pausas, y que serán el inicio de muchas más que compartiré contigo:
- La respiración: inhala y exhala en 4 tiempos, sostén y suelta. Esto te ayudará a volver a ti. No lo hagas en automático; hazlo sintiendo cada sonido de tu interior y tu exterior.
- La oración: solo abre tu boca. Pide, clama. Dios escucha, y si crees, Él te sostiene y te guía.
- Aléjate del ruido: si puedes, cierra por una temporada las redes, lo externo. Conecta con cosas diferentes. A veces, incluso, tendrás que alejarte de lugares o personas que ya no están para acompañarte en esta etapa, o tal vez debes dejarlas descansar. No es fácil, pero sí es necesario.




Comentarios
Publicar un comentario